A QUIÉN ESCUCHAR, criterios a considerar cuando busques consejeros.

Vivimos rodeados de voces. Voces que nos animan o que nos hunden, voces que inspiran esperanza o que siembran temor. A diario nuestros oídos reciben mensajes de todo tipo: noticias de violencia, conversaciones cargadas de quejas, música que incita al pecado, e incluso pensamientos internos que nos repiten dudas y desánimos. La gran pregunta es: ¿a quién estamos escuchando?
La Biblia nos enseña que lo que oímos no es inofensivo, porque tarde o temprano moldea nuestra manera de pensar y actuar. Así que la fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. Romanos 10:17. Es decir, lo que escuchamos alimenta nuestra fe o la destruye. Por eso, el llamado del Señor es claro: necesitamos afinar nuestro oído espiritual para reconocer Su voz en medio del ruido de este mundo.
Hoy más que nunca debemos ser selectivos con lo que dejamos entrar a nuestra mente y corazón. Si prestamos oído a la Palabra de Dios, seremos fortalecidos, guiados y llenos de paz. Pero si escuchamos constantemente voces de derrota, terminaremos viviendo sin rumbo y sin esperanza. La clave de una vida cristiana firme y fructífera está en aprender a escuchar a Dios y obedecer Su voz.
No escuches a quienes te apartan de Dios. Por el contrario, permite que tus oídos estén atentos a aquellas voces que siembran confianza, fortaleza y esperanza en medio de las pruebas. Pero también surge una pregunta inevitable: ¿Qué escuchan los demás en ti? ¿Tus palabras transmiten fe y aliento, o desaliento y duda?
Dios sigue buscando hombres y mujeres que, como Pablo y Silas, sean capaces de cantar himnos de fe aun en medio de prisiones y cadenas. Ellos, en su noche más oscura, no callaron, sino que elevaron cánticos que conmovieron corazones y sacudieron cimientos (Hechos 16:25-26). Así también tú puedes impactar vidas, quizás sin saberlo. Puede que alguien cerca de ti esté atado por cadenas invisibles y necesite escuchar tu voz de fe para ser fortalecido.
Pero recuerda: nadie puede dar lo que no tiene. Solo cuando tu vida esté llena de la Palabra de Dios podrás derramar bendición sobre otros.
Pablo y Silas estaban presos como los demás reclusos, pero su condición espiritual era distinta. Ellos tenían una perspectiva celestial que los mantenía en victoria a pesar de las circunstancias. Esa es la transformación que ofrece la Palabra de Dios: cambiar tu interior para que veas la vida con ojos de fe.
Jesús lo declaró claramente: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Mateo 4:4. La Palabra de Dios es el alimento del alma, y sin ella nuestro espíritu se debilita.
Un sabio enseñó a su discípulo:
—Dentro de cada ser humano habitan dos lobos que luchan sin descanso.
—¿Y cuál de ellos ganará? —preguntó el aprendiz.
—Aquel que tú decidas alimentar.
Así es en nuestra vida espiritual: dentro de nosotros hay una batalla constante entre el espíritu y la carne. Gálatas 5:17. Quien ganará será aquel a quien tú le des más alimento. Muchos invierten tiempo en satisfacer la carne —deseos, caprichos, vanidades—, mientras descuidan la oración, la lectura de la Biblia y la comunión con Dios. El resultado es inevitable: una carne fortalecida y un espíritu debilitado.
Amigo, en medio de este mundo lleno de ruido y distracciones, hay una voz urgente que debes escuchar: la voz de Dios. Ella es la única que trae paz verdadera, dirección segura y fortaleza eterna. La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. Juan 14:27.
Cuando escuchas la voz de Dios, recibes las armas necesarias para vencer la tentación, resistir las pruebas y vivir con propósito en este mundo. La Biblia lo dice con claridad: Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. Salmos 119:105.
Por eso:
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Acércate a quienes te conectan con Dios.
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Llena tu mente de la Palabra.
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Permite que tu espíritu sea alimentado cada día.
Cuando lo hagas, tu vida será luz en medio de la oscuridad, tus palabras serán bálsamo para los que sufren, y tu testimonio será fragancia de Cristo en este mundo. 2 Corintios 2:15.
Extracto libro: Los 5 Sentidos del Adorador.
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