NUESTRA TORRE DE CONTROL, entregando el mando sabiamente.
MINISTERIO CRISTIANO GLORIA Y MARAVILLAS, Flérida Bartolina Mauricio Castillo de Jiménez
NUESTRA TORRE DE CONTROL. Por: Flérida Mauricio de Jiménez.

En términos físicos, el conjunto de los cinco sentidos —vista, tacto, olfato, oído y gusto— forman en cada ser humano un sistema perfecto que nos permite funcionar integralmente. Sin embargo, como todo sistema, cada sentido necesita estar conectado a una torre de control, un centro de mando desde el cual recibe las órdenes para operar correctamente: la mente.

Desde nuestro cerebro se regula una red impresionante de neuronas sensoriales que transmiten estímulos y nos permiten ver, oír, sentir, gustar y oler. Si en este momento estás leyendo estas líneas, es porque tu cerebro te lo permite. ¡Gloria a Dios por haber diseñado con tanta perfección nuestro cuerpo y mente! Te alabaré, porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. Salmos 139:14.

De la misma manera, nuestra vida espiritual también tiene sentidos: la capacidad de ver, oír, discernir, hablar y sentir en el Espíritu. Estos sentidos espirituales, al igual que los físicos, necesitan estar conectados a una torre de control. En este caso, esa torre es Dios mismo, operando en perfecta coordinación como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Cuando reconocemos nuestra necesidad de salvación y aceptamos a Cristo como Señor y Salvador, recibimos el Espíritu Santo, quien nos sella como propiedad de Dios. Efesios 1:13. Así, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo trabajan en nosotros como un centro de mando único y perfecto, guiando cada aspecto de nuestra vida espiritual.

La única forma en que nuestros sentidos espirituales funcionen adecuadamente es estar conectados totalmente a la torre de control divina. Solo así recibiremos coordenadas y directrices santas, puras y correctas para vivir en obediencia y adoración.

Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí. Gálatas 5:16-17.

Un verdadero adorador no puede cambiar de torre de control cada día, entregando a veces el mando a sus pasiones y al siguiente día a Dios. Esa vida inconstante no refleja obediencia, sino confusión. Un cristiano maduro entiende que lo carnal y lo espiritual son polos opuestos, y debe decidir con determinación a quién entregará el gobierno de su vida.

Dios no comparte Su trono con la carne, ni Su autoridad con nuestras ambiciones. El control de nuestra mente debe pertenecerle por completo a Él. La Escritura lo confirma: Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Colosenses 3:2.

Vivir bajo el mando del Espíritu Santo nos garantiza paz, dirección y victoria. Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Romanos 8:5-6.

Extracto: libro Los 5 Sentidos del Adorador.

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