NO TE DEJARÉ NI TE DESAMPARÉ, DICE EL SEÑOR.

Sea el carácter de ustedes sin avaricia, contentos con lo que tienen, porque Él mismo ha dicho: Nunca te dejaré ni te desampararé. Hebreos 13:5
Vivimos en una generación que, a pesar de sus avances y comodidades, se siente cada vez más sola. Casas más grandes, autos más modernos, lujos y comodidades nunca antes vistos… y, sin embargo, corazones más vacíos y aislados. La soledad se ha convertido en la gran epidemia de nuestros tiempos. En la búsqueda desesperada por encajar en una sociedad que impone estándares cada vez más altos, muchos se han enredado en afanes, deudas, apariencias y conflictos que endurecen el corazón. Irónicamente, en el intento de huir de la soledad, terminamos más solos que nunca.
La Palabra de Dios nos advierte sobre este peligro. El Señor conoce el vacío que produce un alma cargada de avaricia y ambición, y por eso nos regala un antídoto poderoso: el contentamiento. Ser contentos significa vivir agradecidos por lo que tenemos hoy, con lo que somos y con lo que Dios ya ha puesto en nuestras manos. Como enseña el apóstol Pablo: He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Filipenses 4:11. Un corazón agradecido difícilmente estará ansioso o esclavizado por deudas innecesarias, pues reconoce que todo lo que tiene es suficiente bajo la provisión del Señor.
La verdadera riqueza no está en acumular, sino en confiar en la promesa divina: Nunca te dejaré ni te desampararé. Hebreos 13:5. Quien cree esta palabra no necesita doblarse ante la presión social ni correr tras ganancias desmedidas. Su seguridad está en la presencia de Dios, que nunca abandona y siempre provee. Por eso oramos como el salmista: “Inclina mi corazón hacia tus estatutos y no hacia las ganancias desmedidas. Salmo 119:36
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El contentamiento es la vacuna contra la soledad y la ansiedad.
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La gratitud abre la puerta a la paz, y la avaricia abre la puerta a la esclavitud.
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La verdadera plenitud no está en lo que tienes, sino en Aquel que prometió nunca dejarte.
Dios te llama hoy a descansar en Su fidelidad. Vive libre del afán, del consumismo y de la ambición. Aprende a agradecer lo que ya tienes y confía en que tu Padre celestial suplirá todo lo que te falte conforme a Sus riquezas en gloria. Filipenses 4:19. Esa es la verdadera libertad, la que solo se encuentra en Cristo Jesús.


